La Academia de la Persuasión

En HPC conocemos la importancia de saber hablar bien en público para todos los ámbitos de nuestra vida. Por ello, y gracias a nuestra dilatada experiencia en formación a empresas en herramientas de persuasión y presentaciones eficaces, hemos decidido poner en marcha nuestra Academia de la Persuasión, una serie de talleres dirigidos a todas aquellas personas que queráis desarrollaros personal y profesionalmente.

El primer taller de la Academia os enseñará un elemento esencial y aún desconocido para el mundo de la persuasión, el humor.

En el ámbito social el humor puede ser utilizado estratégicamente para ganar la atención de alguien, para resultar el centro de atención, para agradar… De hecho, todos sabemos que una de las cualidades que apreciamos en nuestra pareja es que nos haga reír. Pero este humor debe ser de temas que no dividan a los receptores, un humor blanco.

“Una persona en onda positiva está en mejor predisposición motivacional, ve, percibe y valora los aspectos positivos, actúa para construir, para desarrollar”.

El humor blanco comparte características con el humor de escenario, sobre todo en sus fundamentos: “el humor es verdad y dolor”, cualquier cosa que nos haga reír dispone de estos dos componentes. El humor, como la literatura, la música… dispone de un método a través del cual producirlo, con estructuras, técnicas y formas de entrenarse.

La distancia entre desear convencer y hacerlo realmente puede ser salvada sólo si nos preparamos, entrenamos y probamos… Esto supone pensar la estrategia para persuadir, marcarnos un objetivo, analizar la audiencia, el formato que utilizaremos y los contenidos que darán estructura al formato. Hablar en público y persuadir son habilidades y como tales hay que desarrollarlas a través de un método.

Por todo ello, nuestro primer objetivo en la Academia de la Persuasión será otorgaros ese método iniciando con herramientas para el humor y cómo saber usarlas para una comunicación persuasiva eficaz.

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¿Resulta persuasivo el coaching?

Desde el principio de los tiempos los seres humanos hemos intentado decir “yo soy diferente”. Ser diferente significa que me vean mejor, me comparen peor y pueda definir mejor “cómo venderme”. Hay quienes desde el principio de los tiempos piensan que ellos no se “venden” ni tienen porqué persuadir a nadie… lo hacen para diferenciarse.

El coach o entrenador ha existido siempre, es más, también existe en el reino animal; la forma como un águila enseña a volar a sus poyuelos es un buen proceso de coaching.

Para aprender necesitamos contrastar cómo lo hacemos, como resolvemos las dificultades que se nos plantean, con alguien que tiene criterios para decir si lo estamos haciendo mal o bien y dispone de la experiencia para decirnos cómo hacerlo mejor, y esa buena práctica a través de la repetición la incorporamos a nuestro repertorio de efectividad conductual.

En el campo del deporte, en la mayoría de las ocasiones se trata de veteranos que disponen de métodos para hacer que sus deportistas superen los niveles de desempeño, los evolucionen hacia otros que les hagan más competitivos, más eficientes.

Contemplando los conceptos anteriores ¿por qué llamamos coaching a lo que llaman coaching? Quienes lo practican en las empresas, en su mayoría, no disponen de esa parte tan transcendental de la experiencia práctica…  ¿Cómo empezó este movimiento? Sobre el año 2004 el coaching empezaba hacer “furor” en España. Esto me animó a analizar los programas que ofrecían las escuelas que certificaban, no encontré nada que fuera diferente a la parte de los temarios de psicología dinámica que había estudiado en la Facultad de Psicología. Si no me aportaba nada nuevo, ¿para qué invertir?… ¡error! Habría pertenecido a una moda que ha movido y mueve miles de euros.

Posteriormente he ido conociendo muchos coaches, (esto no es difícil, hay muchos), y lo que me sorprendió fue su perfil, en su mayoría no coincidía con el de deportista de éxito que estaba a la vuelta de todo. Algunos se metieron en este tema porque se habían quedado en paro, en otros casos por si se quedaban en paro, y en muchos casos como complementariedad a la actividad que estaban realizando porque no les daba todo lo que ellos querían.

Todo este movimiento me recordó a la fiebre del oro, y sus efectos, resulta que los que más ganaron de todo aquello fueron los que vendían los picos y las palas y de esta fiebre del coaching igual también los que más han ganado han sido las escuelas que certifican.

En definitiva era una manera “económica” de disponer de un discurso nuevo de cara al mercado; “ahora soy coach”. El tema es ¿por qué demandaba tanto el mercado los procesos de coaching? Porque era nuevo, diferente, intimo… y esto es persuasivo. Sin embargo, una vez más mi querido mundo de los recursos humanos lo volvía a hacer académico, la orientación mayoritaria del coaching actual es herencia (sin orgullo de sus creadores) de la psicología psicoanalista, el coach ayuda a hacer consciente a su coachee de los gaps de mejora, pero efectivamente no le dirige a comportamientos de éxito, como sí hacen los entrenadores deportivos. Este es un gap difícil de resolver porque el coaching tiene la misma creencia froidiana de que si haces consciente tus áreas de mejora, a partir de ahí, tu ya vas a encontrar cómo mejorarlo, el tema es el tiempo ¿para cuándo mejoras? ¿en cuántas sesiones?…

¿Por qué tiene tanto éxito?, porque somos seres inseguros, que nos gusta que nos escuchen, que queremos estar en el centro mismo de todo, porque la psicología para no profesionales es un gran entretenimiento, y porque todo lo que sea masajear el “yo” es fantástico… Y también porque es más fácil reorientar la vida haciéndose coach que haciendo una ingeniería industrial, y más barato.

Dentro del mundo del coaching hay varias orientaciones, escuelas… Seguro que las hay de una profesionalidad exquisita, de las que no interactúan mostrando la actitud de: “yo tengo la fórmula mágica y tu no”, de las que no han convertido el coaching en una especie de “religión”, de las que no aprovechan las sesiones de coaching con directivos para venderles otras acciones (por ejemplo formación) puenteando a los especialistas internos de la empresa…

Para mi todo proceso de “entrenamiento” tiene tres fases: La primera es mirarse en el espejo (esta está bien conseguida por el coaching), la siguiente es ofrecer un modelo de actuación, la tercera es probar, practicar ese modelo o consejo para volverle a preguntar al espejo y hacer hincapié en las mejoras.

Si usted es un directivo y solicita un servicio de coaching pregúntele a éste qué experiencia tiene en aquello en lo que usted quiere mejorar, cuál ha sido su experiencia directiva para contar con esas competencias… Es probable que a pesar de haber miles de personas con certificados en coaching tenga que contratar los servicios de un head hunter para localizar un buen profesional, que los hay, algunos ni están certificados.