La estrategia, esa gran desconocida.

Hablar de estrategia mola, nos hace levantar levemente la barbilla… Nos da importancia. La estrategia, es un término super-utilizado en el mundo de la empresa, fundamentalmente por los jefes. Hablamos sobre estrategia de empresa y parece que todos asentimos como si supiéramos cual es.

En mi trayectoria profesional he pasado por cuatro grandes empresas, cuando hablábamos de estrategia en mi cabeza había una especie de “constructo” borroso en la imaginación, eso sí, asertivo en la conversación, todos sabíamos. Por supuesto, casi nada por escrito, casi nada debatido y aterrizado, casi nada evaluado. Se suelen escribir los valores, la misión, los objetivos ¿pero cuál es la estrategia?, igual es que la tenían los de marketing y era suya (¡mi tesorooo!!!), o no pensaron que su principal cliente son los integrantes de la empresa.

La estrategia es el plan que establecemos con el propósito de llegar a conseguir uno o varios objetivos.

“Predecir es muy difícil. Y sobre todo el futuro”, es una frase célebre de Niels Bohr, físico danés.

Es cierto, el futuro podría suceder como le proyectamos, como lo ideamos, pero casi siempre es diferente. Si la estrategia conlleva proyección al futuro y este es bastante impredecible ¿por qué vamos a diseñar estrategias? Igual es por esto que las empresas rara vez comparten la estrategia  con el grupo, se limitan a dar algunas indicaciones sobre tareas porque los que toman decisiones piensan que encaja con la materialización de “la estrategia”.

Las estrategias como las personas las hay de todas las formas y colores; Hay estrategia política (suelen ser los que más trabajan con esta palabra), hay estrategia de marketing, hay estrategia para invertir, para tener relaciones… Cuanto más ambiciosa y lejano en el tiempo esté la consecución del objetivo mayores posibilidades tiene de sufrir un cambio detrás de otro.

Hoy día con la velocidad de los cambios que se están produciendo en sectores como el tecnológico, físico, químico… Predecir qué pasará en un par de años es un juego de dados con múltiples caras.

Sin embargo, es necesario pensar la estrategia, contrastarla y debatirla, escribirla, leerla, reescribirla y si se es líder predicarla. Todo ello ayudará a ir minimizando errores, a conocer nuestros puntos fuertes y a generar ilusión, porque proyectarse en el futuro siempre despierta optimismo.

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El valor estratégico del humor blanco

Desde el principio de los tiempos hasta nuestros días el ser humano ha pasado por diferentes etapas evolutivas, de todas ellas la que marco un antes y un después fue la invención de los signos para comunicarse, las señales, el lenguaje… Y desde entonces ha deseado ser racionalista y ha vivido con la ilusión de que lo era. En los últimos 20 años (que no es nada!) hemos dado un paso atrás para apreciar que nuestro mundo emocional es el gran protagonista en cada una de nuestras decisiones.

Tengo que decir que Descartes ha dejado de ser estratégico, “emociona luego existes” es el nuevo lema. En estos tiempos tan complicados la mayoría de los directivos se ríen poco, quizá no encuentren motivos o no miran donde deben. Ahora están centrados en lanzar mensajes de demanda; de esfuerzo, sacrificio, apretarse el cinturón… Las empresas se llenan de pena, de negativismo, de lamento. Sin embargo, salir de las dificultades requiere innovación, entrega, ilusión… Todas estas cualidades son muy difíciles de encontrar en los tiempos actuales.

En occidente llevamos siglos concediendo a la razón el poder de arreglarlo todo. Ahora estamos empezando, con mucho esfuerzo, a pensar en la transcendencia que tiene la actitud; cambiamos si queremos cambiar, y si queremos podemos. Esta recia cultura nuestra nos llevó a infravalorar el humor, ¿quién concede al humor un poder estratégico? Casi nadie. Se le conceden poderes lúdicos, terapéuticos, pero seamos serios, ¿qué poder estratégico tiene el humor?

En el ámbito social el humor puede ser utilizado estratégicamente para ganar la atención de alguien, para resultar el centro de atención, para agradar… De hecho todos sabemos que una de las cualidades que apreciamos en nuestra pareja es que nos haga reír. Parece que pudiese tener poder estratégico…

 

Si la empresa y el humor no se entienden es, en buena parte, por los antecedentes de éste. Para la mayoría “humor” consiste en reírse del otro, en sorprender sobre temas en los que existen diferencias marcadas de percepción y opinión como suelen ser los tópicos de: política, religión, sexo, machismo, racismo… Pero humor es saber reírse de uno mismo o de temas que no dividan a los receptores. El humor que sirve para agradar, para unir, para inspirar… Es un humor que se puede hacer con corbata, total, lo único que va a pasar es que esbocemos una ligera sonrisa.

Una persona en onda positiva está en mejor predisposición motivacional, ve, percibe y valora los aspectos positivos, actúa para construir, para desarrollar. ¿Qué pasaría si las empresas utilizasen el humor para que sus empleados tuvieran más motivación? Seguramente este planteamiento se acaba de encontrar con varias objeciones: “Las empresas serían un desastre y no trabajaría nadie”, “estarían todo el tiempo de cachondeo”, “no están los tiempos para que estemos contando chistes”…

Bien, todas esas objeciones son fruto de un pasado en la cultura del “no”, del miedo y en una concepción del humor populista, que es un tipo de humor, pero también hay humor pensado, respetuoso y serio. El humor blanco comparte características con el humor de escenario, sobre todo en sus fundamentos: “el humor es verdad y dolor”, cualquier cosa que nos haga reír dispone de estos dos componentes. El humor, como la literatura, la música… dispone de un método a través del cual producirlo, con estructuras, técnicas y formas de entrenarse.

¿Qué pasaría si diéramos la vuelta a cada cosa que nos plantea una dificultad en la vida?: “Que la salvaríamos”. Cualquiera que conozca a personas con dificultades físicas sabe que desarrollan una habilidad especial para reírse de ellos mismos, gracias a lo cual relativizan su situación, son capaces de aceptarla y superarla con su entorno gracias en parte al humor. Por tanto, el humor nos ayuda a superar las dificultades.

En los tiempos que corren dificultades nos sobran, ¿por qué no recurrimos al humor para ayudarnos a superarlas?. Creo que la respuesta correcta puede ser “porque no sabemos”. Llevamos siglos tan serios y racionales que no tenemos ni idea sobre cómo generar y utilizar el humor de forma planificada y estructurada. Nuestra cultura siempre ha estado mucho más cerca del drama que del humor. Tenemos una facilidad asombrosa para el drama. Hacer un guión dramático es muy sencillo: “una pareja joven tiene un accidente de coche y mueren, la siguiente escena son los niños huérfanos en casa esperando a unos padres que nunca llegarán…”. Dan ganas de llorar…

Intentar hacer lo mismo en tono comedia es mucho más complicado. Sin embargo, hay métodos y técnicas para hacerlo. Quizá dentro de unos años el humor se convierta en el octavo arte. Estamos tan afianzados en los 7 artes que 8 suena raro, pero nos haríamos a él con una sonrisa. El 8 es un número muy chulo, tanto, que cuando se tumba tiende a infinito.

Sin duda la base de la conducta es la emoción. Hay emociones que nos paralizan: miedo, pánico, pena… Otras nos activan negativamente: rabia, odio, envidia,… Y otras nos hacen actuar positivamente: el amor, la ilusión, la solidaridad… y el humor. ¿Cuánto tiempo y esfuerzo dedican las organizaciones a estimular estas emociones? Poquito, ¡como no son estratégicas! El resto de las emociones no hace falta estimularlas, aparecen solas.

En instituciones muy rígidas en cuanto a valores, normativa y estructuras tienen más miedo al sentido del humor de su personal que a cualquier otro aspecto, es más, su pulsión básica suele ser el miedo, por una razón, el humor genera creatividad e innovación y piensan (quienes las dirigen) que son difíciles de controlar, y no controlar, por su inseguridad y desconfianza, les da miedo.

El humor es estratégico en el mundo empresarial (igual que en el social) porque facilita la consecución de los objetivos con efectos secundarios constructivos. Porque estimula y despierta el camino estratégico; Ayuda a conectar, relativiza, da alternativas y favorece los procesos de decisión, a más alternativas mejores decisiones y mira siempre hacía delante con ilusión.

Huyendo del frío… Me puse en forma

Desde el principio de los tiempos el hombre ha huido del dolor, primero físico y cuando empezó a disfrutar de pequeños placeres, también probó y rehuyó del dolor psicológico. Podemos hacer las cosas buscando el placer, mientras lo hacemos en nuestra cara se dibuja una sonrisa, pero también nos ponemos en marcha cuando el padecimiento del dolor está cerca o la probabilidad de sufrirlo es alta, en estas ocasiones nuestra cara no dibuja ninguna sonrisa, más bien miedo o sucedáneos del miedo; preocupación, desasosiego, angustia… En función de cómo sea el estímulo negativo con el que estamos a punto de impactar.

Huimos mientras permanece la amenaza física o psicológica, cuando esta se evapora dejamos de actuar, por esto podríamos decir que es una fórmula a corto plazo, a no ser que la amenaza se empeñe en permanecer y siga siendo amenaza.

En general su efectividad es cortoplacista, algunas veces instantánea, a un estímulo (te levando la mano ) una respuesta (agachas la cabeza). Sin embargo, mantener la amenaza supone una altísima inversión en energía, en niveles de alerta, en abandonar cualquier otra actividad, es por esto que los padres amenazamos a nuestros hijos, y al rato se nos olvida. Para que la amenaza o el castigo sea efectivo a medio y largo plazo es necesario desplazar la amenaza desde el castigo físico y/o material a castigos más pensados, reflexionados, más psicológicos. Como dice mi amigo Antonio el peor castigo es “el látigo de la indiferencia”, sobre todo si te lo aplica una persona que realmente te importa.

Durante siglos el ser humano ha aprendido que alimentos, que animales, que geografía evitar para seguir sobreviviendo. Eran aprendizajes que se iban grabando muy poco a poco en el cerebro durante generaciones. En la actualidad sigue habiendo amenazas que por globales y por tanto lejanas no disparan nuestra conducta, por ejemplo, el cambio climático es una gran amenaza sobre la que apenas estamos haciendo nada. Después de estar siglos respondiendo a amenazas inmediatas no somos capaces de ver las del medio y largo plazo y por tanto no responde nuestra conducta.

La tecnología actual supone muchísimas ventajas, pero ¿tiene amenazas? Prever es muy complicado, tanto ventajas como amenazas, aunque en mi opinión es un poco más fácil identificar las amenazas, estamos más entrenados. Os contaré una situación que presencié hace unos días desde la ventana de mi despacho. Una mujer apareció en el patio interior con su bebe de unos cinco meses en brazos. La madre estuvo paseando al bebe durante al menos 30 minutos y más del 95% de este tiempo estuvo centrada en la pantalla de su smartphone. Las bases del desarrollo afectivo se fundamentan en esas fases donde la interacción es puro cerebro emocional y reflejo, porque el racional aún tardará en despertar. Un cerebro entrenado en la interacción emocional es un cerebro conectado a las relaciones  (cuyas bases o soportes inevitables para la interacción sana y normal son los sentimientos y emociones). Y mientras sigamos siendo seres sociales, con un fuerte sentimiento de pertenencia, empatizar con los demás es de vital importancia. Los bebés tienen una capacidad de atracción para los humanos increíble, tenemos una tendencia natural, seamos familiares o no a quedarnos mirándolos sin tener noción del tiempo. Es algo parecido a lo que nos pasa con el fuego, o la música de Vangelis… ¿Qué habría en la pantalla de aquel smartphone que superase la capacidad de atracción de su propio hijo? y ¿qué hábitos había tenido el bebé desde su nacimiento que no protestó, lloró, ni nada de nada? ¿Le habría venido bien otra pantalla de smartphone?

La amenaza puede ser una estrategia de persuasión en el sentido que, podemos amenazar porque nos sale de dentro, pero también de forma premeditada, organizada y dirigida. Seguramente el efecto no es el mismo, disponer de método es siempre más eficiente. Si nuestro argumento para influir en la conducta de nuestro interlocutor se dirige a destacar que el castigo que recibirá si no realiza la conducta que le solicitamos es algo que sabemos que le importa verdaderamente, sobre lo que incluso ya se había hecho ilusiones, que además es difícil que obtenga un sucedáneo o sustituto en otro sitio, es muy probable que consigamos el objetivo que pretendemos.

La “amenaza” como estrategia de persuasión se ha utilizado en el mundo comercial muy a menudo: “Este es el último artículo, mientras se lo piensa vendrá otro cliente y se lo llevará y entonces no será suyo, no lo podrá disfrutar, se sentirá mal mientras otro que se lo merece menos que usted estará feliz de tenerlo…” También los dichos han atendido a esta estrategia “el miedo cuida la viña”, y las madres también: “no estudies, eh!, tú no estudies… Que luego se lo diré a tu padre”.

Como todo argumento, su efectividad, la capacidad de mover el comportamiento de nuestro interlocutor, depende más del cómo lo decimos que de qué decimos. Sus bases emocionales, las que lo hacen creíble son la seguridad, la firmeza, la rabia, Emociones que facilitan que el receptor no tenga la menor duda sobre el castigo que ofrecemos, a no ser que haga lo que se le pide.

Hay realidades que se convierten en amenazas que te pueden perseguir durante años. En la época de los años 60-70 en España, en zonas rurales y de escasez surgieron muchísimos estudiantes, que en cierta manera protagonizaron el cambio social. La mayoría de ellos en realidad huía de la vida que veía que hacían sus padres; trabajar de sol a sol, en invierno pasando frío y en verano un calor insoportable, esa realidad les convirtió en estudiantes brillantes a una gran parte de ellos. Claro como en España estamos más orgullosos de la casta que del esfuerzo los de ciudad les llamaron “desertores del arado”, apelativo cariñoso donde los haya. Esta realidad no era una estrategia planificada por nadie, creo… Sin embargo, nos hace ver una realidad de la persuasión, que siempre intentamos satisfacer una necesidad, y que nos aplicaremos más en conseguirla si nos hacen ver las desagracias que evitaremos, de esta manera los obstáculos a superar se convierten en retos y energía motivadora para llegar a la meta.

Lo positivo de esta estrategia es que desarrolla la disciplina, la resiliencia y la gestión de los plazos o del tiempo. Y estas son cualidades que se le piden al protagonista de un cuento; hacer un largo viaje, matar algún que otro dragón, luchar contra alguien cercano… Si quiere conquistar a su príncipe o princesa. Pero también son los obstáculos que te requiere la vida diaria para llegar satisfecho a fin de mes. Lo menos positivo es que desarrolla un comportamiento reactivo en el persuadido, responde ante estímulos y mientras lo hace su proactividad queda inhibida. En cuanto al planteamiento, esta estrategia desarrolla el comportamiento táctico, mientras la “promesa” el comportamiento estratégico.

Esta estrategia coercitiva es recomendable cuando su finalidad es provocar el esfuerzo para llegar a la consecución de la meta y así cambiar la cara de sufrimiento, angustia y dolor por la de felicidad, satisfacción y la seguridad que da sentirse “en forma”.