Los reptiles no hablan


El principio básico para que dos personas, dos grupos, dos sociedades, se comuniquen es la aceptación mutua. Y puede que esto haya sido así desde el principio de los tiempos.

Cuando no hay aceptación las emociones que se despiertan entre los interlocutores de la comunicación son negativas o también llamadas (y con muy buen criterio) de lejanía. Un ejemplo claro de la primera afirmación estamos viviéndolo estos días en el plano político. No hay diálogo porque no se aceptan, porque se odian, porque los unos a los otros se despiertan emociones propias de un reptil, decir primate es ascender demasiado en la historia evolutiva, y es bien sabido que los reptiles no hablan, huyen o atacan, este es todo el repertorio de conducta, no cabe esperar más.

Entonces ¿cuál sería la solución? La más lógica es que hablen las personas con capacidad y buen talante en representación de las posturas enfrentadas. Aunque para los que nos atrae la investigación hay otra posibilidad, invitar a los dos reptiles a una sesión de monólogos, hacerles que ellos hagan el suyo y que se comuniquen en “formato comedia”. Pero claro, esto sería tan complicado como que una gallina interprete a Mozart al piano.

Parece que echamos mucho de menos a nuestros ancestros, nos cuesta nada volver a ellos, apenas que uno se descuida o se interfiere algo desagradable en su camino, se convierte en primate con smartphone (con el peligro que esto tiene).

Ante la complejidad del mundo actual a más de uno se le ha gripado el cerebro, no ha encontrado respuestas y ha dicho ¡¡¡basta!!!, porque el cerebro no soporta el caos. A partir de ahí es muy tentador justificar todo, porque somos capaces de montarnos historias de fantasía y no tener la menor duda de que es la objetiva realidad. Bueno, en definitiva, ¿cuál es la realidad?… Por esto, hay gente que destroza su alrededor y piensa que a un click va a aparecer un castillo de hadas.

Construir es cansado, laborioso, en ocasiones frustrante, pero si la historia de la humanidad ha llegado hasta aquí es porque hay una gran parte de la sociedad que se levanta todas las mañanas con la intención de construir, que descansa, que respeta a los demás y que sigue y sigue construyendo. Cuando el sentimiento de pertenencia sirve para sumar y no para excluir o dividir el desarrollo y la evolución de la sociedad está asegurada. Pero nada de esto son capaces de hacerlo los primates, imagínate los reptiles.

Mi consejo es instalar a nivel social talleres sobre humor blanco, del mismo modo que se está haciendo estos últimos años programas de cocina, esto ayudaría a construir, a transformar el dolor que todos sentimos en pensamiento positivo. Que las sonrisas borren el odio y la tristeza, que nos activen para salir de la desgana, que nos vuelva a inundar de esperanza la percepción del futuro.

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