¿Nos tratamos bien unos a otros?


El parte médico acerca del estado de salud de la “persuasión” nos dice que padece de taquicardia aguda y agotamiento severo, “convence hoy, llega a un acuerdo como sea, mañana ya veremos”.

Apenas se trabaja con planteamientos en el medio y largo plazo porque miramos al futuro y no vemos nada.

Siempre hemos vivido en un mundo comercial, de intercambio de cosas, de servicios, pero ahora este mundo se ha convertido en un carrusel acelerado, de “usar y tirar”, de: “ahora eres lo más importante, pero en cinco minutos te olvidaré y lo será otro”. Sólo en el mundo personal esto no es así, de momento. En todo caso parece que valores como la credibilidad, la confianza, el apoyo de unos con otros… Están infectados por el virus del “todo vale”.

A todo esto a algunos nos resulta difícil acostumbrarnos. Hay preguntas de difícil respuesta: ¿cómo gestionamos las expectativas?, ¿qué sucede cuando los protagonistas de la comunicación tienen muy diferentes deseos, objetivos, miras? Pues que el resultado es la decepción, la frustración, y si se puede, con el tiempo, la venganza.

Mi trabajo consiste en ser proveedor de servicios y como tal me gustaría estar siempre convenciendo a mis clientes, pero a veces estos ya han sido convencidos con anterioridad, es normal, y cuando te lo manifiestan se lo agradezco de todo corazón, no hay peor cosa que no tener referentes.

A veces te invitan a participar en los concursos para selección de proveedores, y esto también se lo agradezco mucho. A veces, te invitan porque el departamento de compras les obliga a presentar tres ofertas y como tienen dos te llaman justo el día antes de tomar vacaciones, te comentan que como empresa tienes un buen perfil para participar, te animas y decides cancelar dos semanas de tus vacaciones y las de uno de los colaboradores, te empleas a fondo (¡están los tiempos como para no emplearse!) y consigues un proyecto extenso, detallado y engendras la ilusión de que “podría ser que lo ganemos”.

Lo entregas a tiempo, esperas una semana, dos, tres y preguntas, te dicen vía mail que ha sido seleccionado otro proveedor. Entonces preguntas en qué nos hemos alejado de lo que la empresa necesitaba, uno siempre tiene ganas de seguir mejorando… Pero tu cliente está demasiado ocupado para dedicarte cinco minutos para darte alguna información que te ayude a no pensar que quizá todo estaba arreglado antes incluso que empezaras a ponerle título al proyecto.

Sinceramente esta es una buena experiencia de aprendizaje, te ubica, practicas la resilencia, el ebreo… Y piensas: “lo que no me mata me hace fuerte, sonríes y a por el próximo… Sólo tengo un pequeño “pero”, que por favor no nos llamen “partner”, “socios”, ni ningún término de esos que están tan de moda (igual porque les reconforta psicológicamente), prefiero que me llamen proveedor a secas y que me traten simplemente como persona, si es que sabemos lo que esto significa porque el cortoplacismo nos está rompiendo la memoria.

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