Marca personal y transferible (III)


Los planes de marca personal no se diferencian mucho de los planes para posicionar un producto o una empresa.

Empecemos por definir mi propia proyección, a dónde quiero llegar, en qué posición quiero estar, cuáles son mis expectativas, en dónde quiero que me posicionen aquellos que me interesan cuando pase un determinado tiempo… Parecen muchas preguntas pero contestando con detalle a una de ellas estamos cerca de contestar a todas.

Nos debemos preguntar ¿qué imagen quiero transmitir y a quienes? El juego puede consistir en definir el colectivo en el que queremos proyectarnos, qué características les definen, cuáles son las expectativas que podrían tener con respecto a lo que quiero que vean en mí. Seguimos preguntándonos que aspecto físico y de vestimenta se asocia a la imagen que ellos esperan. Con qué tipo de lenguaje y de expresiones se sentirán reconocidos y cómodos. En que “escenarios” debemos aparecer. Qué canales de acceso vamos a tener con este colectivo, que se corresponderán a su vez con los que ellos utilizan.

El siguiente paso es saber qué respuestas obtendríamos en la mayoría de esas preguntas si las respuestas nos las dieran hoy mismo, esto es, dónde nos ubica nuestro público objetivo en la actualidad. Obtener esta información no es fácil pero merece la pena indagar porque es muy importante.

Lo que opinan nuestros familiares cercanos (padres, abuelos, hermanos…) suele ser gratificante pero poco relevante porque la cercanía emocional nubla el juicio. Pero, curiosamente, ellos se pueden convertir en “encuestadores” muy valiosos siempre que lo hagan sobre aspectos muy específicos, de nivel emocional bajo o moderado y si utilizan una pequeña estructura, por ejemplo:

Profesionalmente, ¿cuál consideras que es su punto fuerte?

Conoces a alguien con el que compararle.

En qué podría tener margen de mejora.

El número de seguidores en las redes sociales, sus perfiles y el tipo de mensajes que se generan también puede ser un referente de marca personal.

El método del test proyectivo, por ejemplo, disponer de fotos de caras en las que se expresan emociones diversas y fáciles de identificar. Lo que pedimos a los que valoran es que hagan un ejercicio de asociación del tipo: Cuando te encuentras con él…Cuando habla de temas profesionales… Cuando intenta resolver un problema… Con qué cara le asocias…

Otro sistema puede ser el método de las entrevistas en profundidad para investigar la imagen de marca. En este caso hay tres requisitos que cumplir; primero es importante la pericia del investigador, segundo, seleccionar al público al que preguntamos, que deberá ser una muestra representativa de nuestro público objetivo y tercero, que las preguntas no sean demasiadas pero estén muy bien estructuradas.

Continuará.

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