Los colores del humor


Desde el principio de los tiempos las cosas fueron complicadas, siempre hubo diversidad y complejidad. Una mezcla en constante evolución entre animales, vegetales y minerales. El ser humano intentó organizarlo todo, porque esto le daba sensación de control y Aristóteles en esta intención estuvo cerca de salirse con la suya, pero sí, los humanos tenemos una tendencia innata a organizar las cosas. Esta tendencia la solemos perder durante la adolescencia, nada está más desorganizado que la habitación de un joven (varón o fémina) de 15-17 años. (Está tan desorganizada que si alguien entra visualiza cómo es el caos… Para no pisar nada terminas jugando a la rayuela…)

El orden, la organización, los métodos… tienen una relación directa con la fase evolutiva de las culturas. Si pensamos en los países más evolucionados del planeta todos son medianamente organizados; Alemania, EEUU, Japón… Eso significa que ya superaron la adolescencia.

Con el humor sucede lo mismo. El humor es como los productos de alimentación en los supermercados, se puede organizar por categorías, de esta forma nos encontramos con humor negro, de fatal gusto, aunque reconozco que tiene su público como los bollos caseros industriales con extra de grasa.

El humor amarillo que procede de un programa japonés que consistía en conquistar un castillo pasando por una serie de pruebas en las que los concursantes se pegaban unos golpes tremendos. Este tipo de humor le sucede lo mismo que a los muebles de Ikea, que tienen su público. ¿Os imagináis a nuestros políticos participando en un programa de estos de humor amarillo?  Sin duda sería líder de audiencia, por terapéutico.

El humor verde, que no necesita presentación, es el tipo de humor más manoseado de todos (con perdón!), y cuenta con las sonrisas del público en general. Además casi nadie sabe porque se llama verde… ¿Sería porque cuando las ciudades eran pequeñitas se visitaba más el prado…?

No se ha localizado humor azul, porque el azul es etéreo e intelectual, lo relacionamos con el cielo y con estos componentes no sale ni una broma mala. Tampoco se conoce el humor rojo, es un color demasiado agresivo para hacer reír. Morado tiene connotaciones poco graciosas. Tampoco se utiliza la etiqueta naranja, aunque tendría algunas posibilidades, en España ya lo intentamos con naranjito. Sin embargo, si que hay humor blanco, también conocido como “humor de día” y hace unos años como “humor políticamente correcto” ahora poner en la misma frase esas dos palabras es una contradicción.

Siguiendo con el símil del supermercado, humor blanco es lo contrario a gama blanca, humor blanco son las bromas marca propia. El soporte para una broma blanca es el “uno mismo”, tipo: “ Hola, me llamo Eustaquio y sí… Aún les pregunto a mis padres el porqué”.

En España podríamos decir que el color del humor es marrón, consiste en darle caña al de al lado. Aquí siempre hemos tenido un “tonto del pueblo”, un “Lepe”, gente de mala vida, el vecino… Cualquier cosa para nosotros quedar impunes. Sí, tenemos una auto-imagen excelsa, impecable, aquí el error es un maldito error, está mal, prohibido, es vergonzoso, por esto no aprendemos apenas. En mi generación, en la que aún no había supermercados, no aprendíamos idiomas porque en las clases de francés nos “partiamos” los unos de los otros. Era divertidísimo, hasta que te tocaba a ti, y entonces era un marrón.

Creo que una gran medida social sería implantar el humor blanco en los colegios. Primero porque los niños tienen una tendencia natural a este tipo de humor y segundo porque haría una sociedad más autocrítica y con ganas de equivocarse y aprender, con iniciativas, más creativa, sin “marca blanca”. Que en lugar de creerse cualquier cuento fuésemos capaces de generarlos.

Los grupos sociales inventan su propio sistema de humor, incluso aquellos que pensamos que están más lejos de hacerlo, el personal de servicios funerarios, con clara tendencia al humor negro. Los presos de la carcel adictos al humor verde… ¿Y los políticos? Con estos tengo algunas dudas, creo que se los suministran empaquetados sus jefes de gabinete. Ese tipo de humor no suele ser blanco, suele ser irónico y satírico, y cuanto más divida mejor, porque ellos siguen pensando que aquella expresión napoleonica de “divide y vencerás” es cierta. Ellos son pequeños productores (apenas tienen sentido del humor) del “humor marrón”.

El humor es una gran alimento para el cuerpo y el alma, deberíamos ingerir mayores dosis, sobre todo en estos tiempos carentes de celebración. Seguramente, al igual que una buena dieta, también necesitaremos disfrutar de diferentes tipos de humor, procurando evitar los más tóxicos. Seguramente en los programas de salud del 2030 habrá dietas personalizadas de humor adaptadas por edad, clase social y peso. Y en las presentaciones de negocio, en lugar de pactar el número de diapositivas de power point por presentación se pactarán el número de bromas para conectar con la audiencia.

Desde el principio de los tiempos hemos intentado ordenar, clasificar, priorizar todo. El humor blanco puede ser un gran pegamento para que las partes no se separen del todo y tengamos paz y felicidad.

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